Nami Matsushima lleva un año encerrada en una celda de aislamiento tras haberse fugado y asesinado a quienes le tendieron la trampa por la que terminó encerrada. El director de la prisión se ve obligado a sacarla para que pueda verla el Inspector.

La canción que interpreta la protagonista (Meiko Kaji) titulada "Urami-Bushi" fue usada por Quentin Tarantino en "Kill Bill vol. 1" (2003) y su secuela. También apareció en la primera película de esta serie pero se me pasó comentarlo.

En la primera el castigo que recibe la protagonista por el simple hecho de intentar matar a un tipo que la engañó es desproporcionado. En esta lo multiplican por mil. Aparte esa fijación del alcaide con ella es insana, es obvio que no va a terminar bien la cosa desde bien temprano.

Oh, pero es que va a más, luego mientras las están transportando de vuelta a la prisión algunas se dedican a pegarle patadas porque no luchó mientras la violaban. Esto me supera. Quizás forme parte de una estratagema para poder huír, pero lo dudo muchísimo.

De nuevo sale una escena de sexo lésbico, aunque bastante breve. Da la impresión de que sea sólo para recalcar que es algo que sucede en las cárceles de mujeres.
La crueldad gratuita con unos perros a los que matan para comérselos y de un niño para que la madre confiese son quizás las dos partes más fuera de tono.

Ella se venga a base de bien de todos los que le han hecho algo a medida que avanza la película, no es que de repente huya y empiece a matar gente como en la primera, es algo bastante más complejo. Y quizás eso sea lo más positivo que puedo decir de esta segunda parte.
El final podría ser conclusivo, perfectamente, pero decidieron hacer más partes. Pasemos a la tercera película.
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