El pequeño Joey acaba de perder a su padre pero al llegar a casa descubre que ha adquirido unos poderes consistentes en que se realiza aquello que desea y su mayor deseo es volver a hablar con su padre, cosa que logra con un teléfono de juguete.

Dirigida por Roland Emmerich, el mismo que nos trajo "Universal Soldier" (1992), "Independence Day" (1996) y "Godzilla" (1998). De hecho empiezo a entender muchas cosas pensándolo bien.
Veamos, cuesta decir qué es lo peor por ello iré por partes. Para empezar la historia hace una serie de elipsis narrativas en las que incluso pasan días (así, sin más). El resultado es, por ejemplo, una escena en la que están haciendo las maletas para ir a visitar a su tía (en no sé dónde) seguida de otra en la que el profesor se queda a pasar la noche con la madre y el hijo... porque sí. No tiene sentido nada, no voy a molestarme en buscárselo.

Bueno y no me olvido de la escena en la que la madre descubre que el niño puede mover cosas con la mente a voluntad y no sólo no se sorprende sino que se alegra y (casi) lo ve como algo de lo más normal, claro que al principio cree que es un truco de magia pero es que no cambia absolutamente nada cuando se da cuenta que no es así.

No sabría como definirla. Tiene cosas de "Poltergeist" (1982), "The Great Gabbo" (1929), "E.T. the Extra-Terrestrial" (1982), "Close Encounters of the Third Kind" (1977), "Carrie" (1976), "Psycho" (1960) (literalmente usan el exterior de la misma mansión para la casa en ruinas), "House" (1985)...
Y especialmente de "Star Wars" (1977), de hecho es ridícula la cantidad de cosas que aparecen. Desde Darth Vader y su sable (tal cual), el Halcón Milenario perseguido por dos naves imperiales, una sábana de "Star Wars: Episode VI - Return of the Jedi" (1983), un At-At moviéndose y disparando... buf.

Y su final me ha dejado con ganas de darle de bofetadas al director hasta que hable arameo. Es estúpido, en una palabra. Como es tan malo lo voy a contar: el niño ha muerto y de repente los juguetes empiezan a moverse solos, unos enfermeros (creo) que están en su habitación huyen despavoridos y sus amiguitos se acercan a la puerta superfelices y justo cuando van a abrirla... la imagen se hace pequeñiiita y empiezan los créditos. Roland Emmerich, vete a la mierda.
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