Cuando un boleto de lotería envía a dos desconocidos a pasar un fin de semana improvisado en las Bermudas, descubren que enamorarse es un poco como estar perdido en El Triángulo.
Al llegar a la isla no hay nadie. De hecho tardan bastante en dar con el recepcionista. Luego se encuentran con una camarera. Pero es muy raro todo, tan vacío.Con lo cual hay poco que contar, se dedican a conocerse mejor. De hecho lo que me ha hecho gracia es que el tipo le pregunte por primera vez el nombre a ella cuando están en la playa. Lo cual no tiene ningún sentido, pues de alguna manera tuvo que identificarse en el aeropuerto. Pero como se saltan esa parte...
La música dota a las cosas raras que les van sucediendo un carácter gracioso. Sin ella sería más bien misterioso, casi terrorífico.Otro toque cómico es el recepcionista, que no tengo claro si está medio sordo o si se le va la olla.
Por cierto, la chica sale desnuda/semidesnuda en más de una ocasión. Está más o menos justificado, pero me resulta peculiar.
A los tiburones se los menciona, concretamente cuando van a comer y les dicen que la especialidad está hecha con tiburón (el nombre del plato es el título de la película). Pero no les queda.En la parte final la pareja que no para de hacer actividades de turista traen un tiburón entero. Es un muñeco poco realista, pero bueno, menos es nada.
Así que tiene poco de tiburones y mucho de surrealismo. Demasiado quizás.

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